(Por G. C., desde Hanoi, Vietnam)
“Las chicas filipinas que trabajan en nuestras oficinas en Hong Kong están siempre dispuestas, no hay sábados ni domingos, si hay licitaciones y se tienen que quedar varios días de corrido sin dormir lo hacen, y no cobran horas extras ni piden nunca nada”. Enrique Pescarmona está dispuesto a seguir con sus alabanzas, pero hace una pausa buscando aprobación.
Como no la encuentra, vuelve a la carga con su elocuencia.
—Yo no hago filosofía sino negocios. No me pregunto lo que está bien y lo que está mal sino cómo se hace para ser más competitivo
Los asiáticos trabajan todos los días, veinte horas por día, por ochenta dólares por mes, y además están preparados, son educados y son buena mano de obra. Si quiero competir tengo que recurrir a ellos. Es el mundo globalizado. Los riesgos del mundo globalizado. ¿Usted tiene hijos?
-No.
—Yo sí. Jóvenes. Y siempre les digo: este mundo globalizado es muy difícil, porque es muy competitivo, pero el que les toque a ustedes va a ser más difícil todavía. Por eso los preparo para ese mundo.
—,Y cómo los prepara?
-Haciéndolos estudiar. Estudiar, estudiar todo el tiempo. Sólo
van a ganar los más preparados.
—Ese no parece ser precisamente el punto fuerte de la Argentina.
—Es una deuda muy grande. Si no hay educación, no va a haber competencia.
—Pero la falta de acceso a la educación también es una consecuencia de esta reforma económica.
—Es otra deuda; la desigualdad social es otra deuda.
—Y la distribución injusta de la riqueza?
—Es otra deuda, también es otra deuda.
Los empresarios argentinos comen delicadezas en el salón de conferencias de Daewoo y se explayan sobre las virtudes del bajo costo laboral. “La reforma de las leyes laborales y la exportación son las únicas posibilidades de crecimiento de la economía”, repiten. Para casi todos ellos, el gobierno debe dedicarse a usar un agente de comercio exterior y abrirles caminos para sus inversiones, y por eso se anonadaron ayer con el discurso del presidente Carlos Menem durante el seminario que reunió a empresarios vietnamitas y argentinos. “Fue un discurso de campaña, como si estuviera hablando para la interna”, se quejaban apenas terminó el encuentro.
En realidad, (‘Carlos Menem se dedicó, como siempre, a enumerar todos los que el cree son los logros de su gobierno y a describir en su particular punto de vista los alcances del ‘milagro argentino”. El problema con la desocupación, dijo, es que hay cinco millones de trabajadores en negro, y “otros tantos” empresa-
nos que soportan la situación; el déficit no es déficit; los puertos funcionan y los teléfonos dan ganancia (ni una mención al aumento de tarifas, y por eso mereció el cálido aplauso del representante de la telefónica española). Hasta elogió a los medios de prensa porque “no me permiten mentir y son el control ideal que tiene la democracia”.
Para convencer a los vietnamitas de la necesidad de privatizar, explicó que ahora que lo ha hecho, el gobierno argentino puede dedicarse en serio a los fines que le competen: la salud, la justicia, la educación y la seguridad. Y prefirió no dar detalles sobre cómo se está moviendo en cada área.
Página 12
Martes 18 de febrero de 1997





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