Menem, más pragmático que con Cuba
Interesado en asegurar para la Argentina un contacto
fluido con la emergente economía de Vietnam, Menem
se abstuvo de presionar para un cambio de régimen.
(Por G.C., desde Hanoi, Vietnam)
“Tenemos regímenes políticos distintos, pero un objetivo común, que es la grandeza de nuestros países y la felicidad de sus pueblos.” Esa fue toda la mención que el presidente Carlos Menem hizo sobre el sistema comunista que impera en este país. Las diatribas sobre la imperiosidad de la democracia y las elecciones libres que suele lanzar contra Cuba quedaron olvidadas bajo un pragmatismo habitual: lo importante es la apertura del mercado, lo urgente son las privatizaciones, lo perentorio es el capital. Menem lanzó loas a Ho Chi Minh, recordó que fue el peronismo quien primero reconoció al Vietnam unificado en 1974 y escuchó con parsimonia cómo sus anfitriones le explicaban que la liberalización económica no va a modificar la férrea conducción del Partido Comunista. “A nosotros, como a ustedes, nos importa más el país que la política”, les dijo.
Los diplomáticos y funcionarios que acompañaban al Presidente simplifican la cuestión, China y Vietnam van a abrir sus economías, pero no van a modificar sus sistemas. En ninguno de los dos países la gente quiere dejar de ser comunista, y por eso ni se discute el tema. No queda claro entonces la ecuación que funciona en el caso cubano.
Tal vez tampoco sea tan complicado. Antes de que el presidente Carlos Menem llegara a Hanoi, el Doi Moi (la renovación económica que comenzó en 1986) consiguió la bendición del Fondo Monetario Internacional y Estados Unidos nombró a su primer embajador: un ex piloto militar que estuvo preso en la cárcel de Hanoi por seis años durante la guerra.
No llegan demasiados jefes de Estado a este país, y la visita del presidente argentino fue un acontecimiento. Sólo por eso el hotel Daewoo debió contratar a un grupo de hermosas rusas expertas en hotelería para que organizaran la estada y se ocuparan de los detalles. La comitiva, abriéndose paso entre las bicicletas, rodeada por más de un centenar de motos militares, tuvo momentos cinematográficos y la llegada al palacio de gobierno fue majestuosa. Frente a un inmenso busto de Ho Chi Minh y frente a un mandarino, la delegación argentina comenzó su visita oficial.
En un país en el que cada funcionario se presenta contando cuántos años y en qué trinchera estuvo en la guerra, los argentinos sucumbieron al influjo. “Nosotros también pasamos por la guerra y la violencia para recuperar la libertad”, declaró el presidente Carlos Menem apenas se cerraron las puertas y comenzó su reunión con el primer ministro Vo Van Kiet. Después lo escuchó durante cincuenta minutos hablar de los cinco millones de muertos, la destrucción del medio ambiente que todavía persiste, las enfermedades endémicas que no se acaban producto de los bombardeos; se sentó frente a la vicepresidenta Thi Bm, y supo que ella era la misteriosa dama de negro que discutía la paz con los norteamericanos en las conferencias de París, fue recibido por el jefe del Partido Comunista, Do Moui, quien le narró sus años junto a Ho Chi Minh y jugó al tenis con el par de Alberto Kohan, Nguyen Viet Dung; catorce años en una trinchera. Al caer la tarde, Menem ya había revisto su pasado heroico: “Nosotros no tuvimos guerras, la única fue la de las Malvinas, en donde no nos fue muy bien que digamos, los únicos males que tuvimos fueron los de pelearnos entre nosotros”.
Pocos tan desorientados como el general Martín Balza. En cada movimiento se le traslucían sus ancestrales prejuicios anticomunistas y una admiración sin par frente a generales triunfantes. Se cuadró frente a Do Moui como un conscripto frente a su superior y no se perdió detalle de sus cuentos sobre las batallas ganadas, pidió conocer a otros estrategas y se sinceró con un miembro de la comitiva. “Estoy intentando abrir puertas en mi cabeza para poder entender.”
Vo Van Kiet, el primer ministro, los sorprendió al instante. “Ustedes tienen problemas con los países vecinos porque ingresan trabajadores ilegales y eso sube la desocupación”, dijo, y sonrió: “Comprenderán que nosotros no tenemos esos problemas”, deslizó y quedó claro que un gobierno que había expulsado de sus fronteras a chinos, franceses y norteamericanos no daba demasiado margen de discusión en la materia. “El enemigo norteamericano provocó la división del país”, “el enemigo norteamericano fue expulsado”, “la guerra contra el enemigo norteamericano fue la guerra por la independencia y la libertad y la paz”, y así sucesivamente, cada vez que debía mencionar a los Estados Unidos hablaba del “enemigo norteamericano”. Para un momento después, hablar de las inversiones extranjeras y de la necesaria relación con los organismos de crédito internacional.
Dos cosas quedaron absolutamente claras en todas las entrevistas que la delegación argentina, encabezada por el presidente Menem, mantuvo ayer: la vocación por industrializar rápidamente el país para salir de la gravísima situación de atraso y pobreza en que se encuentra. Pero ni el sistema político, ni la historia, ni la soberanía del Estado están en discusión. “Este es un socialismo con apertura de mercado”, le dijo la vicepresidenta para resumir su exposición. Y, como si se tratara de un estudiante argentino de los setenta, Carlos Menem le respondió: “Cuenten con la solidaridad del pueblo argentino hacia el querido pueblo de Vietnam
Martes 18 de febrero de 1997
Página/12





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