Ministra de Derechos Humanos y Sociales del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Gabriela Cerruti estuvo al frente del Ministerio de Derechos Humanos y Sociales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre el 28 de marzo de 2006 y el 26 de junio de 2007.
Desde el inicio se introdujeron transformaciones mediante la aplicación de la Ley de Ministerios con la modificación de la estructura de la ex – Secretaría de Desarrollo Social. Si bien la funciones primarias de la ex Secretaría de Desarrollo Social fueron sostenidas, se produjeron ampliaciones y modificaciones en su estructura entre las que cabe destacar la incorporación de la Subsecretaría de Derechos Humanos y de los Organismos Fuera de Nivel “COPINE – Comisión para la Plena Integración de Personas con Necesidades Especiales” y el “IEM – Instituto Espacio y Memoria”.
Asimismo, se crearon nuevas Direcciones Generales tales como la Dirección General de Discapacidad, la Dirección General de Voluntariado y de la Sociedad Civil, la Dirección General de Fortalecimiento Familiar y Socio Comunitario y su Adjunta, la Dirección General Adjunta de Niñez y Adolescencia y la Dirección General de Economía Social.
Además, con la modificación de la estructura se creó el Organismo Fuera de Nivel “UEPSM – Unidad Ejecutora Proyectos Sitios de Memoria” cuyo responsable adquiere el rango de Subsecretario.
Todas estas modificaciones estructurales, sumadas al sostenimiento de las Direcciones preexistentes en la ex Secretaría de Desarrollo Social, requirieron adecuaciones de funcionamiento, de normativa y de sentido de las acciones que se llevaban adelante.
En el caso de este Ministerio, es claro que la decisión de crear la nueva estructura no tuvo sólo razones de funcionamiento sino que fue claramente conceptual, y ligada a una visión moderna y abarcadora de los derechos humanos, económicos y sociales (DHES).
Es cierto que la historia reciente en nuestro país y la centralidad de la presencia de los organismos de familiares de asesinados y/o desaparecidos en la búsqueda de la verdad, la justicia y la memoria con respecto a lo acontecido durante la dictadura 1976-1983 había asociado en la opinión pública a los derechos humanos con las cuestiones reivindicativas ligadas a ese período.
Sin embargo, desde hace varias décadas ya, los organismos y las asociaciones internacionales de defensa de los derechos humanos vienen sosteniendo una visión más abarcadora, que enmarca la acción de los estados en las políticas sociales y de redistribución del ingreso precisamente en la defensa de los derechos garantidos en la carta de las Naciones Unidas.
La decisión adoptada por el Jefe de Gobierno fue entonces un proceso innovador, que requirió de un especial y continuo proceso de diálogo y búsqueda de consenso con las organizaciones sociales y los organismos de derechos humanos para la compresión del nuevo paradigma. Cada actor social debía comprender que la unificación de las áreas no iba en desmedro de ninguna sino que suponía una jerarquización de ambas y una nueva visión sobre las políticas sociales como herramienta de satisfacción de los derechos humanos económicos y sociales.
Veamos los puntos fundamentales de la gestión de poco más de un año desarrollada en el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales signada por un intenso trabajo y la complejidad de los logros en tan corto período. Lo importante no son sólo los objetivos cumplidos sino también transmitir el camino que se entiende que los futuros responsables del Ministerio deben seguir para no desarticular el progreso en materia de derechos humanos y sociales.
LOS EJES DE LA GESTIÓN
Desde el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales se ha tenido como política permanente y con mirada de mediano y largo plazo, a la vez que se atendían las demandas inmediatas, la transferencia de ingresos a los sectores más vulnerables de nuestra Ciudad tendiendo a llevar adelante planes universales, con las limitaciones que este tipo de políticas tienen en una gestión municipal.
Como primer hito de la gestión, se puso en marcha el Plan de Ciudadanía Porteña, que había sido diseñado durante las gestiones de los anteriores secretarios, Jorge Telerman y Sergio Beros. Este fue el primer programa universal –nuevamente, con las limitaciones lógicas de una administración local- de estas características en el país.
La Ciudad de Buenos Aires, su Gobierno y este Ministerio se han planteado una política de Estado, que para lograr sus objetivos más importantes deberá ser mantenida y perfeccionada en el tiempo
A pesar del gran crecimiento económico y la mejoría correspondiente de importantes sectores de la población en los últimos años, vivimos en un escenario de pobreza masificada. Si mantuviéramos este crecimiento macroeconómico sin pausa alguna, pero no atacáramos las condiciones de desigualdad e inequidad en la distribución del ingreso, solo lograríamos –al cabo de 50 años- reducir a la mitad los índices de pobreza. Es por eso que se vuelve imperiosa la acción de un Estado fuerte y decidido para dar una pelea fundamental, que debe tener como eje central la atención a las niñas y los niños, no sólo porque constituyen la mayoría de las personas en situación de pobreza, sino porque además son ellos los actores mas débiles que se ven enfrentados a las problemáticas mas salvajes relacionadas con su situación económico-social.
Es por esto que desde el Ministerio se puso el acento en los Programas de Ciudadanía Porteña, la acción de la Dirección de Niños, Niñas, Adolescentes –en especial en la atención a los chicos en situación de calle- , el Programa de Acción e Integración sobre el Consumo de PBC y la problemática habitacional en las villas y asentamientos.
Si bien la labor del Ministerio ha sido atender un abanico muy importante de problemáticas correspondientes a diversos sectores sociales, sobresalen los ejes mencionados ya que en la exposición de los objetivos y logros de estos programas pueden resumirse las más profundas aspiraciones de transformación social, así como el espíritu político y de acción del conjunto de de la gestión de Gabriela Cerruti y su equipo.
A continuación una pequeña descripción de los programas con los que se abordaron estos ejes.
Ciudadanía Porteña “Con todo el derecho”
El programa tuvo como objetivo primordial contribuir a disminuir la desigualdad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, asegurando la superación de la indigencia y disminuyendo significativamente la cantidad de hogares en situación de pobreza.
El Programa de Ciudadanía Porteña estableció un mecanismo automático, transparente, objetivo y directo de transferencia de ingresos a los hogares de la Ciudad en situación de pobreza.
Este Programa buscó como elemento privilegiar y garantizar la escolarización en los niveles preescolar, primario y medio, y fomentar la inserción en el jardín de infantes para lograr el desarrollo integral de los niños y adolescentes. Sus objetivos son reducir la deserción y repitencia escolar, cooperar en la tarea de erradicar el trabajo infantil, asegurar el control de la salud de embarazadas, niños y adolescentes, disminuir la exclusión social de los adolescentes.
Además, interrumpir los circuitos de reproducción intergeneracional de la pobreza garantizando los derechos sociales y el ejercicio de la ciudadanía. Generar mecanismos que faciliten la accesibilidad a la documentación, condición fundamental para la inclusión social y favorecer la autonomía de las mujeres, siendo la titular del beneficio la que dispone de ingresos en forma independiente.
El Impacto del Plan puede ser cuantificado mediante estas cifras:
-Luego del período de inscripción y evaluación de los inscriptos se han convertido en beneficiarios un total de 71.781 hogares compuestos por 255.508 personas.
-Hasta12 de julio, incluyendo los catorce ciclos de pago posteriores, la suma de los montos transferidos asciende a $191.820.289,14
-Entre el 1 de mayo de 2006 y el 12 de julio de 2007 fueron entregadas 73.188 tarjetas de compra.
El trabajo con las niñas, niños y adolescentes
El plan de trabajo para la Dirección de Niñez y Adolescencia tuvo como concepto básico impulsar un salto de las palabras a la acción. La Ciudad ha tenido una importante trayectoria en la defensa de los derechos de los niños y adolescentes.
Se trataba de generar, y seguir en ese sentido, un salto en la calidad y el impacto de las políticas, a partir de la ejecución de acciones innovadoras, orientadas por valores vinculados a la priorización de las necesidades de los niños, la revitalización del rol del Estado, la efectividad de las prácticas, la eficiencia en los alcances y la búsqueda de la justicia social.
Las acciones de la Dirección tenían que ser efectivas en el corto plazo, con el propósito de generar incentivos y adhesiones en un proyecto político y social de país, más justo y equitativo. Y también debían ser transformadoras en el mediano y largo plazo, dejando instalada una nueva institucionalidad en la materia.
Abandonar la posición defensiva a cambio de políticas activas, considerando que nos encontrábamos en un escenario distinto, donde se debía ofrecer servicio, anticipación y respuesta adecuada a problemáticas muy específicas.
Se trataba de impulsar una práctica comunicable. Los hechos que no son comunicados no son públicos. La marca debía sustentarse en hechos políticos que se tradujeran cómo anuncios y comunicaciones fuertes, que produjeran un posicionamiento adecuado en materia de derechos del niño y del adolescente.
En el caso específico de los chicos en situación de calle, consideramos a la problemática como un reflejo de las condiciones de deterioro socio económico a las que están sometidos de forma particularmente aguda los chicos de la Ciudad. Para ello, los programas tienen como objetivo central iniciar un proceso de desintegración gradual de la calle.
En concreto, se abrió la Casa del Niño, que reemplazó a la vieja Casa del Andamio, es el hogar Carlos Cajade y ha tenido un alto impacto en el objetivo de revinculación de los niños con sus familias.
El Hogar Carlos Cajade tuvo como prioridad atender a los niños en calle menores a los 12 años. Este corte etario tiene su importancia, ya que la realidad de un niño menor de 12 años, con pocos años en calle es muy distinta a la de un adolescente que tiene entre 13 y 20 años con, tal vez, cinco o seis años en la calle. En este último caso la problemática es mucho mas compleja, por ejemplo en lo relacionado con su revinculación a la familia.
Por lo tanto, lo que hay que pensar es en un abordaje al problema que tenga que ver con la reconstrucción de un proyecto de vida para los jóvenes, que muchas veces formaron parejas y tiene hijos en la calle.
El Hogar Carlos Cajade ha funcionado con un nivel de efectividad realmente altísimo en cuanto a la revinculación de los chicos con sus familias. Por ejemplo, de los mas de 500 chicos que fueron censados en la calle el año pasado, una gran mayoría ya se habían iniciado en el proceso de salida de la calle. Este es un proceso largo, arduo y probablemente exija la necesidad de mantener un monitoreo permanentemente, de allí la importancia de la planificación a largo plazo.
También la Dirección de Niñez ha puesto en marcha los cyber espacios, que son lugares de encuentro, para ofrecer a los chicos una alternativa a la calle que les resulte atractiva, a la vez que efectiva como lugar de socialización con sus pares. El 26 de septiembre de 2006 se inauguró el primer Centro de Atención Integral para Niños, Niñas y Adolescentes en situación de calle, en Cochabamba 3565. El espacio está equipado con computadoras interconectadas y on line, lo que permite un acceso a Internet para los beneficiarios, así como la recreación con diversos juegos y la posibilidad de asistir a taller y cursos de formación con carácter optativo. Estos Centros cuentan con profesionales de distintas disciplinas que ayudan a trabajar la integración de los niños y la reinserción social de jóvenes que se acercan allí.
Plan de acción e integración sobre el consumo de pbc (paco)
Este fue un programa Interministerial, donde el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales tuvo la función de coordinación a través de la Dirección General de Atención Inmediata para articular los diferentes recursos con que cuentan las distintas áreas.
Los objetivos generales fueron la erradicación del consumo del PBC y generar acciones que faciliten el trabajo transdiciplinario articulando con los distintos actores.
Entre los objetivos específicos, se encontraban promover la participación de la sociedad a partir del conocimientos de los efectos de esta problemática, promover la inclusión social de los usuarios de PBC y drogas en general, motivar prácticas y hábitos saludables en el conjunto de la población para evitar la iniciación de los jóvenes en el uso del PBC, intervenir sobre las poblaciones más vulnerables para disminuir la posible demanda de uso de cualquier tipo de sustancias adictivas, poniendo énfasis en el PBC, evitando, al menos, la marginalización y estigmatización de este problema de salud.
El 14 de Marzo de 2007 se pusieron en funcionamiento 2 centros de asistencia para usuarios de PBC, Casa Puerto y Casa Flores.
Partimos de un concepto de salud que excede el aspecto terapéutico, que incluye variables sociales, culturales e históricas, y que en este fenómeno quedan particularmente articuladas, requiriendo además un adecuado e integral sostén institucional.
Este fenómeno se evidencia con diversas manifestaciones que van desde la apatía, la inercia, la falta de contención o disgregación familiar, la fragmentación de los lazos sociales y la concomitante exclusión social.
Es por eso que se requieren dispositivos amplios, flexibles, creativos y múltiples que se articulen en espacios individuales, grupales, familiares, sociales e institucionales, los cuales constituyen la Red Social.
El Programa estuvo dirigido especialmente a los sectores más desprotegidos y vulnerables, es decir, la población de alto riesgo. Se observa el consumo de PBC y otras sustancia, desde muy temprana edad, al igual que el consumo de alcohol e inhalantes. Políticas de acumulación y concentración de capitales, a costa de la exclusión de gran parte de la población han provocado el deterioro de los lazos sociales, siendo los niños, niñas y adolescentes los principales afectados, quedando en situación de desamparo y abandono ante cualquier posibilidad de inserción social y comunitaria. Se observa en dichos ámbitos sociales a menudo el armado de circuitos de tráfico-consumo como única posibilidad de ingreso económico, engrosando aún más la marginalidad.
El Centro de Asistencia Social en Adicciones de la calle Curapaligüe en particular estaba destinado a los niños, niñas (Primera Infancia 6/8 años) y adolescentes usuarios de PBC y otras substancias, hasta los 18 años de edad, ingresados por los diversos efectores de los Ministerios, con el fin de brindarles tratamiento individual, familiar y grupal, con actividades colectivas de talleres que propicien los lazos sociales.
Se implementaron modalidades terapéuticas que promovían la convivencia, el contacto con el otro, los intercambios y el reconocimiento, con alternativas vitales y creativas a través de diferentes estrategias que apuntaban a su recuperación, rehabilitación e inserción/reinserción social.
La finalidad de los tratamientos era sustituir la dependencia al tóxico por la construcción de un proyecto de futuro y la posibilidad de reformular de un modo verdadero la posición subjetiva producto de la exclusión.
La reinserción social apunta a la recuperación y reconstrucción de las posibilidades de cada niño, niña y/o adolescente y de su grupo familiar y/o referentes, en tanto partícipes de un proyecto colectivo distinto al propuesto desde la exclusión, que propende a la solidaridad como modo de crear un proyecto de futuro.
Entendemos a la rehabilitación ubicada dentro de un contexto social y como tal comprende la recuperación de funciones inhibidas y perdidas. Estas comprenden la incorporación de nuevas posibilidades laborales, afectivas, de estudio, artísticas y de hábitos psíquicos, físicos y sociales que permiten interrogar y reformular de un modo verdadero la posición subjetiva producto de la exclusión.
El Centro de Asistencia Social en Adicciones, Casa Flores
El tratamiento a realizar en este centro, considerando las particularidades de la problemática (básicamente consumidores de Pasta Base de Cocaína o PBC), y su extracción social y cultural, (no excluyentemente, pero en general personas de escasos recursos y en situación de exclusión social), sumados al modelo de tratamiento y recursos disponibles, planteó un sistema novedoso y específico para este contexto.
Este centro se encontró enmarcado en un programa integral que llevaban adelante los Ministerios Derechos Humanos y Sociales, Salud y Educación del Gobierno de la Ciudad de buenos Aires. Este programa tuvo una fuerte impronta social que se sumó al trabajo en salud y educación. El enfoque de este programa fue atender a aquellos que se encuentran en una situación de mayor fragilidad y urgencia, y que históricamente han sido víctimas de la mayor postergación.
Los beneficiarios directos anuales contabilizaron 340 personas, mientras que los beneficiarios indirectos llegan a 1200.
Construyendo sueños en convenio con La Asociación Madres de Plaza de Mayo
En octubre del 2006, la Fundación Madres de Plaza de Mayo generó una iniciativa que, para la devaluada realidad argentina, parecía revolucionaria.
La Fundación Madres de Plaza de Mayo acercó al Ministerio, la propuesta de construir viviendas con una nueva tecnología trabajando con los propios vecinos del barrio. El Ministerio se hizo rápidamente eco de la idea que se convirtió en realidad cuando se empezaron a construir las primeras 36 viviendas. Unos meses después había 24 departamentos terminados, con todos los servicios completos, a la sola espera de la conexión de gas. Era de esperar que esto sólo fuera el principio.
El 16 de octubre del 2006, se firmó el convenio entre las Madres de la Plaza de Mayo y el Ministerio de Derechos Humanos y Sociales, en el mismo terreno donde se iban a iniciar las obras. Para sorpresa de todos, al terminar ese pequeño acto simbólico, mientras las Madres se iban, las máquinas empezaban a trabajar. Al día siguiente, la gente que llegaba llena de ilusiones a incorporarse a la obra recibía sus elementos de trabajo, su ropa, su calzado sus elementos de seguridad, sus herramientas, la disposición de los grupos. Esas mujeres y esos hombres fueron los primeros de un gran grupo que llegó a 900 miembros.
El éxito de esa experiencia despertó la demanda de los propios vecinos y la Fundación Madres de Plaza de Mayo redobló la apuesta al presentarse a una licitación que organizó la Corporación Sur para construir 600 viviendas sobre un terreno lindante al parque Indoamericano junto a la Villa de los Piletones. La competencia no era fácil. Al proyecto se presentaron las empresas constructoras más grandes del país y varias empresas internacionales. La Fundación Madres de Plaza de Mayo ganó la licitación por precio, por su propuesta técnica, por la calidad de construcción y la terminación de las viviendas demostradas y por la propuesta social de trabajo que incluía la capacitación con la misma gente del barrio.
En ese período la Fundación trabajó en cuatro proyectos de construcción. El Obrador 1, en Ciudad Oculta en la Villa 15; el Obrador 2, también en Mataderos, en el núcleo habitacional transitorio de Ciudad Oculta; el Obrador 3, en el barrio de Lugano; y el Obrador 4 en Castañares y General Paz. Cada uno con sus propias características, pero con la misma idea, integrar a los habitantes al desarrollo de su propio barrio.
CONSIDERACIONES FINALES
La gestión llevada adelante durante quince meses al frente del Ministerio de Derechos Humanos y Sociales fue sólo una etapa en un camino, como ocurre siempre en el marco de las políticas públicas.
Gabriela Cerruti y su equipo manifiestan haber tenido el honor de lograr cristalizar proyectos e iniciativas que habían comenzado a tomar forma durante la gestión de los dos últimos antecesores y pudieron, además, dejar en marcha procesos que requerían ser continuados y profundizados por las gestiones posteriores.
En ese sentido, dos ejes ideológicos de la gestión fueron sin duda revolucionarios en cuanto a la mirada sobre las políticas sociales. Estamos hablando de la universalización y la desinstitucionalización de los procesos de externación.
El primero de ellos, la tendencia a la universalización de la asistencia y la promoción social, para salir de programas focalizados y para ayudar a terminar definitivamente tanto con el asistencialismo, generador de formas de dependencia entre el estado y los sujetos asistidos, como con las diferentes formas de clientelismo político que se fueron forjando al amparo de este tipo de programas.
Sin duda, la conclusión de este camino debe ser convertir a las diferentes políticas y programas sociales en un Sistema de Seguridad Social donde todos los ciudadanos puedan acceder a la información y las prestaciones, así como al seguimiento de su situación. Para llevarlo adelante es indispensable, por un lado, la unificación de las bocas de atención y la base de datos de prestaciones, prestatarios y beneficiarios, pero también, la construcción de un nomenclador único y público. La universalidad en este caso significa que cualquier ciudadano, que tiene las mismas necesidades y condiciones objetivas, sabe que puede obtener tales o cuales beneficios o prestaciones.
Al mismo tiempo, es indispensable el fortalecimiento del plantel de personal del Ministerio. El desmantelamiento del estado ocurrido durante las últimas décadas, además de una visión asistencialista de las políticas sociales y de delegación de la ejecución de los programas en manos de organizaciones no gubernamentales llevó a un paulatino achicamiento, desprofesionalización y envejecimiento de los recursos humanos del Ministerio.
El fortalecimiento del Estado de bienestar conlleva la necesidad de incorporar más y mejores recursos humanos, con sueldos acordes a sus capacidades y la tarea que se le asigna, concursos claros y transparentes y capacitación de aquellos agentes que se encuentran ya trabajando.
Es una constante en todas las áreas esta necesidad, pero sin duda es más notoria y apremiante la necesidad de profesionalización, capacitación e incorporación de recursos humanos en áreas como Tercera Edad, Niñez, Mujer o los lugares de atención al público como los Servicios Sociales Zonales.
Para que el sistema social funcione efectivamente como un recurso de promoción por parte del Estado para el cuidado de la salud, el bienestar y el acceso a los medios materiales y espirituales de aquellos ciudadanos que están permanente o temporariamente excluidos del sistema productivo es indispensable que se pueda hacer un seguimiento de todos los beneficiarios y, por lo tanto, un contralor del cumplimiento de las corresponsabilidades y la permanencia o no de las razones que justificaron el ingreso al sistema.
En segundo lugar, hablamos de la externación. El proceso iniciado con el cumplimiento por parte del Ministerio de la Ley N° 448 de Salud Mental abriendo las primeras Casas de Convivencia para externación de pacientes psiquiátricos fue seguido y complementado en la misma sintonía en otras áreas, por ejemplo, con el subsidio a personas mayores para que puedan permanecer en sus hogares y no requerir internación en lugares específicos y con la implementación de subsidios habitacionales a las personas solas en situación de calle, entre otras. Todas estas medidas tendían a limitar los efectos de la institucionalización prolongada y a promover la verdadera reinserción ciudadana en el entramado social.
También con este mismo criterio es que se comenzó a llevar a cabo el plan de desjudicialización de niños y niñas en Hogares.
La institución asilar debe limitarse a aquellas situaciones en que no haya otra salida, y debe privilegiarse la contención y el acompañamiento desde el Estado con los profesionales correspondientes en aquellos lugares en que el ciudadano puede seguir desarrollando sus vínculos afectivos y su sentido de pertenencia.
Las casas de externación de salud mental, los cyber encuentro para niños de la calle, la casa de atención a enfermos del paco, las viviendas construidas en la Villa 15 junto a Madres de Plaza de Mayo, las 80000 familias asistidas en el Programa de Ciudadanía Porteña son sin duda algunos de muchos otros hitos.
Ninguno de ellos hubiera sido posible sin el esfuerzo y el compromiso de los agentes del estado que forman parte de este ministerio y que trabajan con responsabilidad y dedicación aún en condiciones emocional u objetivamente difíciles como siempre que se trata de ocuparse de personas o situaciones de alta vulnerabilidad.
Todos ellos, los trabajadores del estado, los funcionarios y las organizaciones que acompañaron la gestión -organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y organismos no gubernamentales- son partícipes de los logros que se han obtenido.
La profundización de las políticas que se llevaron adelante, corrigiendo sin duda defectos y potenciando virtudes, logrará más temprano que tarde crear un sistema de seguridad social que contribuya a la equidad y la armonía en una ciudad que debe ser más justa, para bien del conjunto.
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